El barro vuelve a conquistar Santa Cruz tras cinco días de artesanía, cultura y miles de visitantes

Cinco días de actividad y un Parque Luís Seoane lleno de visitantes han vuelto a situar la alfarería en el centro de la vida cultural de Santa Cruz. La XXXII edición de Alfaroleiros ha terminado después de reunir a miles de personas y a 23 alfareros y alfareras procedentes de diferentes puntos de España y Portugal.
La feria dejó también un importante volumen de ventas, con una elevada demanda de las piezas expuestas en los diferentes puestos. Desde objetos de uso cotidiano hasta creaciones decorativas y piezas de autor, el barro volvió a ser el protagonista de una cita que mantiene una apuesta clara por la artesanía y por la continuidad de un oficio tradicional.
La edición de este año combinó la actividad comercial con la programación cultural. Durante los cinco días se sucedieron conciertos, espectáculos, demostraciones de alfarería y talleres, además de otras propuestas dirigidas a públicos de diferentes edades.
La presencia de artesanos procedentes tanto de España como de Portugal permitió además reunir en Santa Cruz diferentes formas de entender el trabajo del barro, en un encuentro en el que la tradición convive con propuestas más contemporáneas.
El impacto de la feria fue más allá del propio recinto. La llegada de visitantes de otras localidades gallegas y de otras comunidades contribuyó a dinamizar durante estos días el comercio, la hostelería y la restauración de Oleiros, al tiempo que muchos de los asistentes aprovecharon su visita para conocer otros atractivos del municipio.
Treinta y dos años después de su nacimiento, Alfaroleiros mantiene así una de sus principales características: convertir la artesanía en una experiencia abierta al público y reivindicar la alfarería como parte del patrimonio cultural.
El Ayuntamiento de Oleiros lleva más de tres décadas apoyando esta celebración, que se ha consolidado como una de las citas relacionadas con la artesanía más destacadas del verano gallego. La continuidad del evento ha permitido además que el trabajo de los alfareros mantenga una presencia estable ante el público y ha favorecido la transmisión de un oficio que afronta el reto de sobrevivir en un mercado cada vez más industrializado.
La XXXII edición baja así el telón con un balance positivo para organizadores y artesanos y con la mirada puesta ya en una nueva edición de una fiesta que cada verano convierte el barro en uno de los protagonistas de Santa Cruz.