'Muchas niñas quieren jugar al fútbol, pero no siempre encuentran dónde empezar': el reto de Zénit en A Coruña

Antes de hablar de goles, resultados o competiciones, en la Escuela de Fútbol Zénit prefieren hablar de un paso previo: el de entrar por primera vez en un campo sin miedo. Para muchas niñas y jóvenes, ese gesto no siempre es fácil. Algunas piensan que ya es tarde para empezar, otras creen que no tienen nivel suficiente y otras simplemente no han encontrado hasta ahora un espacio en el que sentirse cómodas.
En esa realidad nació este proyecto coruñés, una escuela deportiva sin ánimo de lucro que busca abrir una puerta al fútbol femenino desde la cercanía, el cuidado y la formación. 'Veíamos que muchas niñas y jóvenes querían jugar, pero no siempre encontraban un lugar donde empezar desde cero sintiéndose cómodas, acompañadas y sin miedo a equivocarse', explican desde la entidad.

La idea no es solo enseñar a jugar al fútbol. Zénit quiere construir un lugar en el que aprender, competir y formar parte de un grupo sea tan importante como ganar un partido. Detrás de la escuela hay personas vinculadas al fútbol base y al trabajo con niños, niñas y jóvenes, con una visión clara: el deporte también educa, también acompaña y también puede ayudar a crecer fuera del campo.
El proyecto tiene una conexión muy estrecha con el CEIP Rosalía de Castro, centro en el que estudian muchos de los niños y niñas que forman parte de la escuela. El colegio cedió sus instalaciones y apoyó la iniciativa desde el principio, un respaldo que para el club tiene un valor especial. 'Para nosotros tiene mucho valor poder construir una escuela de fútbol vinculada a un entorno educativo público y cercano, donde deporte, formación y convivencia puedan ir de la mano', señalan.
Ese vínculo con el centro educativo da personalidad a la escuela. No es un proyecto alejado de las familias ni de la vida diaria de los niños y niñas, sino una propuesta que nace en un espacio conocido, cercano y compartido. El campo se convierte así en una continuación de ese entorno en el que se aprende a convivir, a respetar, a ayudar y a asumir responsabilidades.

Actualmente, la Escuela de Fútbol Zénit cuenta con equipos de base en categoría alevín e infantil, además de un sénior femenino. Los entrenamientos se desarrollan en el CEIP Rosalía de Castro, con sesiones para el alevín los miércoles y viernes a las 18.00 horas, para el infantil los martes y jueves a las 18.00 horas y para el sénior femenino los martes, miércoles y viernes a las 19.30 horas.
Uno de los mensajes que más quieren transmitir es que no hace falta experiencia previa. La escuela está abierta a jugadoras que ya han competido, pero también a aquellas que nunca han jugado en un equipo y quieren probar por primera vez. 'Lo más importante son las ganas de aprender, entrenar y formar parte del grupo', resumen desde la escuela.
Esa idea es especialmente importante en el fútbol femenino de base. Todavía hay chicas que se frenan antes de empezar porque piensan que otras llevan mucha ventaja o porque no se ven preparadas. La respuesta de la escuela es ofrecer un espacio en el que el error no se castigue, sino que forme parte del proceso. Aprender a fallar, a volver a intentarlo y a ganar confianza también es parte del entrenamiento.
La filosofía del club se basa en un aprendizaje progresivo. El trabajo técnico importa, pero no se entiende de manera aislada. La escuela busca que las jugadoras comprendan el juego, tomen decisiones, mejoren individualmente y entiendan el valor de lo colectivo. 'Intentamos que las jugadoras aprendan sin miedo al error y comprendan el fútbol desde la toma de decisiones, el juego y el trabajo colectivo', explican.

Ese cuidado del proceso convive con la exigencia. En Zénit quieren que las jugadoras entrenen con compromiso y aprendan a competir, pero sin perder el ambiente cercano que consideran fundamental. El objetivo es que cada niña o joven sienta que tiene un lugar, que se le escucha y que forma parte de algo que va más allá de un equipo.
'Muchas veces lo que más recuerda una jugadora no es un resultado concreto, sino cómo se sintió con el grupo', apuntan desde la escuela. Esa frase resume la importancia que le dan a la convivencia. El compañerismo, el respeto, la constancia, la humildad y la responsabilidad se trabajan en el día a día, en los entrenamientos, en los partidos y también en los momentos en los que toca apoyar a una compañera tras un error.
Uno de los aspectos más especiales del proyecto es que algunas jugadoras del equipo femenino colaboran en los entrenamientos de las categorías de base, en las que conviven niños y niñas. Esa presencia crea referentes cercanos. Las más pequeñas no ven el fútbol femenino como algo lejano, sino encarnado en jugadoras que entrenan en el mismo espacio y que también forman parte de la escuela.
Para las jugadoras que colaboran con los equipos de base, esa responsabilidad también es una forma de crecer. Aprenden a explicar, acompañar y transmitir lo que saben. Al mismo tiempo, los niños y niñas que empiezan encuentran en ellas una referencia cercana, natural y posible.

La última temporada dejó un balance de aprendizaje para la entidad. Para varias jugadoras del sénior femenino y para buena parte de los niños y niñas de los equipos alevín e infantil, competir en liga fue una primera experiencia real. Hubo nervios, dificultades y errores, pero también evolución, confianza y una mejor comprensión del juego.
El reto ahora pasa por consolidar el camino iniciado. El club quiere seguir reforzando el fútbol femenino, afianzar los grupos existentes y continuar creciendo en las categorías de formación. No se trata solo de sumar equipos, sino de mantener una identidad reconocible: la de un espacio serio, cercano y formativo en el que las familias sepan que sus hijos e hijas pueden aprender en un entorno cuidado.
Desde la escuela son conscientes de que los proyectos pequeños necesitan tiempo, continuidad y apoyo. También saben que todavía queda trabajo para que más niñas se animen a probar. Por eso, su mensaje es directo: 'No hace falta tener experiencia para dar el paso. Lo importante es atreverse, probar y disfrutar del proceso'.
En esa frase está buena parte de la esencia de Zénit. Una escuela que no quiere que el fútbol sea una puerta cerrada para quien llega tarde, para quien empieza de cero o para quien todavía duda. Un proyecto que quiere demostrar que, a veces, el primer gran triunfo es simplemente atreverse a entrar en el campo.
