'La Travesía do Xalo es una fiesta': quince años de deporte, comunidad y monte en Culleredo

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Álvaro Pérez Becerra, miembro de la directiva de la Asociación Castelo Deporte y vinculado a la organización de la Travesía do Xalo desde su primera edición, repasa la historia, la evolución y el espíritu de una cita ya emblemática en Galicia
PORTADA monte xalo
Imágenes de Miguel Lamas e Aigi Boga
15 Apr 2026

Quince años después de su primera edición, la Travesía do Xalo llega a 2026 convertida en algo más que una prueba deportiva. En Castelo, en el municipio de Culleredo, el aniversario no se lee solo como la continuidad de un evento que ha resistido en el tiempo, sino como la confirmación de que alrededor del Monte Xalo ha ido creciendo un proyecto colectivo con identidad propia. Lo que comenzó en 2010 como una iniciativa impulsada por una generación joven de la Asociación Castelo Deporte, con la colaboración de vecinas, vecinos y personas vinculadas al monte, ha acabado consolidándose como una cita reconocida dentro del trail y del senderismo en Galicia, pero también como una manera de entender el deporte desde la comunidad, desde el territorio y desde el cuidado.

En la memoria de la organización sigue muy presente aquella primera etapa. Entonces, la Asociación Castelo Deporte estaba formada por más de treinta chicas y chicos que no superaban los veinte años y que ya tenían experiencia movilizando a la aldea alrededor de otras actividades, como los campeonatos de fútbol sala de verano. Fue en ese contexto cuando surgió la propuesta de poner en marcha una actividad nueva, ligada al Xalo y a una disciplina distinta. La idea cuajó muy pronto porque conectaba con dos fuerzas que siguen estando en la base de la travesía: por una parte, la capacidad organizativa de la juventud; por otra, la implicación de un vecindario acostumbrado a hacer las cosas en común. De esa mezcla intergeneracional salió un modelo que sorprendió desde el principio y que, con diferentes formatos y con una estructura cada vez más profesionalizada, mantiene intacto su ADN.

Si la Travesía do Xalo ha conseguido llegar a las quince ediciones ha sido, precisamente, porque nunca se limitó a ser una carrera. La cita nació y creció con una voluntad más amplia: contribuir a poner en valor un espacio natural y patrimonial que la organización considera inexplicablemente desconocido para una parte importante del área metropolitana de A Coruña. El Monte Xalo, insisten, sigue siendo un gran descubrimiento pendiente para miles de personas que lo tienen muy cerca. Por eso, cada edición funciona también como una llamada a mirar hacia el monte no solo como un escenario deportivo, sino como un lugar para ser conocido, recorrido, respetado y defendido. En ese sentido, la travesía no se entiende únicamente por el número de dorsales o por la respuesta del público, sino por la huella que ha ido dejando en la percepción colectiva de un territorio que ha ganado visibilidad gracias a este esfuerzo continuado.

A lo largo de estos años, la prueba ha cambiado mucho en la forma, pero no en el fondo. Hubo un tiempo en el que el cronometraje se hacía a mano y en el que las inscripciones se gestionaban revisando correos electrónicos uno por uno. Hoy, en cambio, la Travesía do Xalo cuenta con presupuesto, apoyo institucional y una maquinaria organizativa que la convierte también en un referente por su funcionamiento. Pero ese salto no se explica por una simple voluntad de crecer, sino por la necesidad de responder mejor a lo que la propia prueba ha ido exigiendo: más participación, más seguridad, más cuidado del monte y más capacidad para ofrecer una experiencia completa. La profesionalización, en este caso, no aparece como una ruptura con la etapa inicial, sino como la evolución natural de un proyecto que ha ido aprendiendo a sostenerse sin perder su carácter vecinal.

Porque si hay una idea que atraviesa toda la historia de la Travesía do Xalo es la de fiesta compartida. La organización insiste en que lo competitivo ha quedado siempre en un segundo plano y en que la verdadera esencia de la cita está en esa capacidad para reunir perfiles muy distintos alrededor de un mismo espacio. La andaina, de hecho, es la modalidad que más participantes concentra, algo que no se interpreta como un dato secundario, sino como una de las grandes fortalezas del evento. Junto a ella, las categorías infantiles y, en esta edición especial, la recuperación de la carrera corta de diez kilómetros, refuerzan esa voluntad de abrir la prueba a más personas. El objetivo no es encerrar el Xalo en una experiencia reservada a quienes tienen mayor preparación física, sino ampliar la puerta de entrada para quienes quieren acercarse al monte desde el deporte, desde la curiosidad o simplemente desde las ganas de formar parte de un ambiente colectivo.

Ese espíritu es también el que explica que el decimoquinto aniversario llegue acompañado de actividades culturales, conciertos, exposiciones y homenajes. La Travesía do Xalo quiere celebrar su trayectoria, sí, pero sobre todo quiere reconocer a todas las personas que la han hecho posible. En las palabras de Álvaro Pérez Becerra hay una idea recurrente: este aniversario pertenece tanto a quienes siguen ahí como a quienes estuvieron en el inicio y luego fueron tomando otros caminos. Aquellas chicas y chicos que pusieron el proyecto en marcha en 2010, las personas mayores que se sumaron desde las primeras ediciones, los centenares de voluntarias y voluntarios, el vecindario de Castelo, los colaboradores, las entidades y las administraciones que acompañaron el proceso forman parte de una misma historia. La celebración, por tanto, no se plantea solo como un hito cronológico, sino como una oportunidad para decir gracias. Gracias a quienes creyeron en la prueba cuando apenas era una intuición. Gracias a quienes dedicaron tiempo, esfuerzo y compromiso para que cada edición saliera adelante. Gracias, en definitiva, a quienes contribuyeron a hacer de la Travesía do Xalo algo reconocible y querido.

En esa red de apoyos, la organización destaca de manera especial el papel del vecindario de Castelo, presentado como un ejemplo singular de autoorganización y sentido de comunidad. En una aldea pequeña, con menos de doscientos habitantes, la capacidad para movilizar a personas de todas las edades alrededor de una actividad de este tamaño se ha convertido en una de sus marcas de identidad. Al mismo tiempo, la Travesía do Xalo ha ido creciendo de la mano de la Comunidade de Montes y del acompañamiento institucional. El Concello de Culleredo lleva apoyando la prueba desde su primera edición, mientras que la colaboración de la Diputación de A Coruña ha sido importante en los últimos años para dar un salto en la profesionalización. La relación con las administraciones, en todo caso, ha sido entendida por la organización no desde la dependencia, sino desde la idea de caminar juntos, de sumar esfuerzos para consolidar una iniciativa nacida desde abajo.

Hay también un elemento de fondo que explica la personalidad de esta cita: el equilibrio entre la actividad deportiva y el respeto por el medio natural. Organizar una prueba de recorridos largos en el monte supone una enorme responsabilidad, y por eso la seguridad y el cuidado del entorno aparecen siempre como prioridad. Distribuir a cerca de cien voluntarias y voluntarios por el Xalo, garantizar que nadie se pierda y que siempre haya alguien de la organización cerca de cada participante forma parte de un trabajo silencioso que pocas veces ocupa los titulares, pero que resulta decisivo para entender lo que hay detrás de la prueba. En esa manera de hacer es donde la Travesía do Xalo refuerza su prestigio: no solo en el trazado, no solo en el atractivo deportivo, sino en una organización pensada para que el monte siga siendo monte y para que la experiencia de quien participa esté marcada tanto por la belleza del recorrido como por la confianza en quienes lo cuidan.

Quince años después, la Travesía do Xalo mira hacia atrás sin nostalgia inmóvil y hacia adelante sin grandilocuencia. El aniversario sirve para tomar aire, para celebrar el camino recorrido y para reafirmar un espíritu que sigue siendo el mismo: sorprender con los recorridos, abrir la prueba a públicos diversos, defender el valor del Xalo y hacer del deporte una herramienta de encuentro. La invitación que la organización lanza para el 25 de abril resume bien esa filosofía: acercarse a Castelo para disfrutar de una fiesta con sitio para todo el mundo y descubrir que, muy cerca de la ciudad y de la rutina, hay un monte que merece mucho la pena conocer. Ese es, probablemente, el gran éxito de la travesía después de quince años: haber construido una cita deportiva que, en realidad, habla sobre muchas más cosas —sobre pertenencia, sobre memoria compartida, sobre territorio y sobre el orgullo de hacer comunidad alrededor de un lugar.

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