Riazor ya es una fiesta sobre el césped: la afición invade el campo con el Dépor en Primera y algunos jugadores se suman a la celebración

Riazor es ahora mismo una fiesta imposible de contener. El estadio, que ya presentaba un ambiente de gran final en las gradas, quedó también invadido sobre el césped por miles de aficionados que no quisieron esperar ni un minuto más para celebrar el regreso del Dépor a Primera. La escena explica por sí sola lo que significa este ascenso para A Coruña: una marea blanquiazul ocupando el campo, abrazos, lágrimas, móviles grabando cada rincón y cánticos que siguen resonando bajo la cubierta de Riazor.
La afición saltó al verde nada más terminar el encuentro ante Las Palmas, en un estallido de emoción acumulada durante demasiados años. Algunos jugadores también permanecieron cerca de los seguidores y compartieron con ellos parte de la celebración, en una imagen de comunión entre equipo y grada que resume una temporada entera de fe. Ya no importaba tanto el resultado del partido como el símbolo del día: el Dépor vuelve a estar entre los grandes y el deportivismo quería tocarlo, pisarlo y sentirlo desde el propio césped.

Durante varios minutos, el campo dejó de ser solo el escenario de un partido para convertirse en una plaza pública blanquiazul. Hubo banderas del Dépor, banderas gallegas, bufandas levantadas y grupos de aficionados fotografiándose en las zonas en las que, pocos minutos antes, jugaban los futbolistas. Las gradas fueron vaciándose poco a poco hacia el verde, mientras la megafonía trataba de reconducir la situación para que pudiesen continuar los actos previstos de homenaje al equipo.
La invasión del césped fue el último capítulo, por ahora, de una jornada que ya había empezado con aroma de celebración desde primera hora. El entorno de Riazor se llenó de familias, peñas, grupos de amigos y aficionados llegados desde distintos puntos de Galicia para despedir la temporada y festejar un ascenso que la ciudad llevaba años esperando. No era un día más de fútbol. Era el día en el que Riazor volvía a presentarse como la casa de un equipo de Primera.

En la explanada del Palacio de los Deportes, la Fan Zone funcionó como punto de encuentro para el deportivismo desde la mañana. Hubo actividades para los más pequeños, sesiones de música y conciertos que fueron calentando el ambiente antes de la llegada del equipo. LG1DO actuó a las 13.00 horas y The Rapants lo hizo a las 14.30 horas, convirtiendo la previa en una celebración musical en la que la afición ya cantaba como si el partido estuviese decidido antes de empezar.
El concierto de The Rapants fue uno de los momentos más celebrados de la previa. La banda gallega puso ritmo a una jornada en la que el deportivismo mezcló fútbol, música y orgullo de pertenencia. A esa hora, la explanada y los alrededores del estadio ya estaban teñidos de blanquiazul, con camisetas de la temporada, elásticas históricas, bufandas antiguas y muchas generaciones juntas alrededor de un mismo sentimiento.
El otro gran momento antes del partido llegó con la llegada del autobús del Dépor. La afición se concentró en la calle Manuel Murguía y en los accesos a Riazor para recibir a la plantilla alrededor de las 17.00 horas. El vehículo avanzó entre una nube de bufandas, cánticos y aplausos, escoltado por miles de personas que convirtieron los últimos metros hasta el estadio en un corredor de pasión deportivista.

Ese recibimiento ya dejó una imagen de día grande. Las calles próximas a Riazor estaban abarrotadas mucho antes del inicio del encuentro, con aficionados subidos a aceras, señales y puntos elevados para ver pasar al equipo. El autobús entró al estadio bajo una ovación continua, con la sensación de que la celebración del ascenso no se estaba haciendo después del partido, sino durante toda la jornada.
Dentro, Riazor respondió como en las citas históricas. El encuentro ante Las Palmas servía para cerrar la temporada, pero la grada jugaba otro partido: el de la memoria, el del regreso, el de la recompensa después de ocho años fuera de Primera. Cada cántico tenía algo de liberación. Cada aplauso sonaba a deuda saldada. Y cada mirada al césped recordaba que este club vuelve al escaparate que su afición nunca dejó de reclamar.
Con el final del partido, la fiesta desbordó el guion previsto. El césped se llenó de deportivistas y el estadio quedó convertido en una celebración colectiva sin distancia entre equipo y afición. Riazor pasó de ser grada a ser campo, de ser estadio a ser fiesta popular. La imagen de los seguidores ocupando el verde, con algunos jugadores todavía cerca de ellos, quedará como una de las fotografías simbólicas de este ascenso.
La noche todavía no ha terminado. Cuando finalicen los actos en el estadio, el Dépor tiene previsto continuar la celebración en un autobús descapotable camino de Cuatro Caminos, el punto tradicional de las grandes fiestas blanquiazules. La expedición saldrá del entorno de Riazor y volverá a encontrarse con una ciudad entregada, preparada para prolongar en las calles una celebración que ya empezó sobre el césped y que promete seguir durante horas.
