Opinión: Os Mariñeiros son canción

Por Julia Mª Dopico Vale e Piñeiro
Esta semana nos vamos a Viveiro, la ciudad del Landro, donde “Os Catro vellos Mariñeiros” fueron protagonistas del concierto-homenaje a la mar y a Galicia a través de la canción que nos hace vibrar y con la que todos nos identificamos.
Todo gracias a la iniciativa de la asociación cultural con este mismo nombre concebida, precisamente, para la realización de actos culturales entorno a la melodía que a pesar de los años‒ y van ochenta‒ permanece viva en la memoria colectiva transmitiéndola el pueblo de generación en generación y llegándose a pensar que se trata de una canción popular‒lo es, el pueblo la hace suya‒, aunque, realmente, tiene su propia historia y sus propios protagonistas que son: José Travieso Quelle , el autor que la creó desde Santiago de Compostela recordando a los hombres de la mar que poblaron sus vivencias infantiles, como su abuelo, José Antonio Travieso Rodríguez‒ “Tortán”‒, José Escourido Casal‒ “Llana”‒, dueño del bote “ San José”, el barco que sirvió de “ estudio” para gestarla y por tanto, imprescindible para que esta exista; Gumersindo Cocina Gregorio, gabarrero que surcaba el río Landro y que descargó al Cristo del Santo Entierro para llevarlo a la joya románica que es la Iglesia de Santa María del Campo, la más antigua de la ciudad y Francisco Otero López, que faenaba en el “ Dominga” y vendía su pesca en la Plaza de Abastos anunciando: “ ¡ Traigo sardiña e bocarte!, ¡ Traigo chicharro pequeño!”‒ frases que se integran en el texto.
Ellos, cantando sus vidas cotidianas, crearon una de las canciones más importantes del patrimonio musical gallego, dejando fiel testimonio de nuestro vínculo con los mares, como un día hizo José de Espronceda con su “Canción del pirata”, exaltando la libertad con los versos … “No corta el mar, sino vuela/ un velero bergantín: Bajel pirata que llaman/ por su bravura el Temido/ de todo el mar conocido/ del uno al otro confín…”.
El mar, la mar. Motivo eterno de inspiración, también para os vellos mariñeiros que palpitan en nuestros corazones.