La protección de los murales de Lugrís avanza mientras los vecinos preparan una manifestación

El futuro de los murales de Urbano Lugrís en la calle Olmos de A Coruña entra en una nueva etapa. La comisión municipal del Pepri ha dado el visto bueno a la reforma integral del inmueble en el que se conservan las doce pinturas, ubicadas en el bajo del antiguo restaurante Fornos, aunque la autorización definitiva queda pendiente de pequeñas correcciones reclamadas por la Dirección Xeral de Patrimonio.
Redondela Investments, propietaria del edificio, tendrá que incorporar esos cambios antes de que la Xunta pueda conceder el permiso final para la actuación. Según la documentación estudiada, el promotor ya ha modificado aspectos como la ubicación del ascensor y de las escaleras siguiendo las indicaciones de los técnicos autonómicos. El bajo donde se encuentran los murales queda, por ahora, fuera de ese proyecto general.
La Xunta trabaja en un sistema específico para proteger las pinturas durante las obras. La propuesta consiste en aislar la planta baja del inmueble mediante una especie de cápsula que impida que el agua, la humedad u otros efectos derivados de la rehabilitación afecten al conjunto artístico. La finalidad es hacer compatible la recuperación del edificio con la conservación de una obra declarada bien de interés cultural.
Los murales, adquiridos por la Administración autonómica en la primavera de 2024 por 36.000 euros, llevan años amenazados por el mal estado del edificio. Las filtraciones, las goteras y el deterioro estructural del inmueble han aumentado la preocupación de entidades culturales y vecinales, que reclaman una intervención urgente y eficaz.
En ese contexto, la Asociación Cultural O Mural mantiene la presión social. Más de 200 personas participaron en una asamblea abierta en la que se acordó convocar una manifestación el próximo 7 de junio bajo el lema 'A Coruña pola beleza. Deixade pasar as ondas do mar'. El colectivo quiere exigir a la Xunta y al Ayuntamiento que actúen con rapidez para garantizar la conservación de las pinturas y estudia también nuevas vías de presión institucional y jurídica.
Las piezas de Lugrís, finalizadas en 1951, forman parte de uno de los conjuntos más singulares del artista. Su conservación se ha convertido en los últimos años en un símbolo de la defensa del patrimonio cultural coruñés, marcado por trámites administrativos, proyectos rechazados, informes técnicos y una creciente movilización ciudadana.