Con 30 años y casi una década en competición, Ruth Ortega lleva el motor 'desde que nació' y reivindica más presencia femenina en los rallyes. En esta conversación por el 8M habla de apoyos, constancia, maternidad y de su nuevo proyecto, Balance 360, centrado en la neurodiversidad
En un deporte donde la presencia femenina sigue siendo minoritaria, Ruth Ortega lleva casi una década compitiendo y haciéndose un hueco a base de constancia. Con motivo del 8M, hablamos con ella sobre cómo fue crecer 'entre motores', lo que implica mantenerse en un entorno mayoritariamente masculino, el parón tras la maternidad y el peso de los apoyos para seguir en carrera.
¿Quién es Ruth Ortega y cómo empiezas en el mundo del motor?
Soy Ruth Ortega Macías, tengo 30 años y llevo casi diez compitiendo. He pasado por campeonatos de España y de Galicia (asfalto y tierra) y hace poco corrí una prueba en el Rallye de A Coruña, que puntúa para el TER. En mi caso el motor viene de casa: empecé en karting con tres años, luego motocross con ocho y, cuando tuve el carné, di el salto a los rallyes.
¿Cómo fueron los inicios en competición?
No fue fácil. Los primeros años me costaron porque entraba en un mundo mayoritariamente de hombres y, al principio, todo te exige más: adaptarte al ambiente, aprender cómo funciona una carrera de verdad, ganar confianza dentro y fuera del coche y, al mismo tiempo, demostrar que estás ahí por tu trabajo. Hubo momentos en los que pensé en tirar la toalla, no por falta de ganas, sino porque el camino se hace cuesta arriba cuando sientes que todavía te miran con sorpresa o con dudas.
Ahí el apoyo de mis padres fue fundamental. Fueron quienes me sostuvieron cuando yo misma no tenía tan claro si merecía la pena seguir empujando. Y luego está la parte práctica: sin patrocinadores es muy difícil mantenerse, porque competir requiere una inversión constante. Al final, para seguir, necesitas esa mezcla de cabeza, constancia y una red que te respalde.
¿Qué te aporta el rally después de tantos años?
Me sigue aportando muchísimo: conocer sitios, conocer gente y estar aprendiendo todo el rato. En mi caso, además, competir tiene un efecto muy concreto: me ayuda a enfocarme. Tengo TDAH y, cuando estás dentro del coche, no hay margen para el 'ruido' mental; te obliga a estar presente y concentrada, y eso a mí me viene muy bien. A partir de esa experiencia, de ver lo importante que es contar con herramientas y apoyo, empecé también un proyecto personal, la asociación Balance 360, para acompañar a personas con neurodiversidad, especialmente en entornos como el deporte y el motor.
También eres conocida por impulsar un equipo femenino. ¿Cómo llega esa decisión?
Con el tiempo acabé creando lo que yo considero el primer equipo completamente femenino en España, Melmac Rally Factory. Tuvo mucha visibilidad porque, por desgracia, sigue siendo un deporte donde las mujeres somos minoría y eso llama la atención.
¿En qué notas hoy que sigue siendo un deporte muy masculinizado?
Sobre todo en la idea que todavía está muy presente de que el motor y la mecánica 'son cosa de hombres'. Es algo cultural, de muchos años, y se nota en pequeños detalles: en cómo se sorprende la gente, en cómo se habla, en que todavía se ve raro que una mujer esté en ciertos roles. La historia y los números están ahí: en la mayoría de pruebas siguen siendo muchos más hombres que mujeres.
Dicho esto, sí veo un avance claro. En los últimos años aumentaron muchísimo las copilotas, y eso es una buena noticia porque significa que hay más mujeres entrando, participando y formándose dentro del rally. El siguiente paso (y el que cuesta más) es que esa presencia crezca también al volante. Como pilotos seguimos siendo pocas, pero que haya más mujeres en el entorno ya es una base importante para que, con el tiempo, se vaya normalizando y haya más diversidad en todos los puestos.
¿Por qué crees que hay más mujeres de copilotas que pilotando al volante?
No tengo una única respuesta, porque seguramente es una mezcla de cosas. A veces es miedo o respeto: el paso de ponerse al volante en competición impone, porque hay mucha responsabilidad y mucho foco sobre ti. Otras veces es simplemente no atreverse, por falta de confianza o por no haber tenido a alguien cerca que te diga 'puedes hacerlo'. Y también influye el 'qué dirán': todavía hay gente que se sorprende cuando ve a una mujer pilotando, y eso puede frenar más de lo que parece.
Además, está el tema de los apoyos. Para dar el salto necesitas entorno, equipo, tiempo y recursos, y no siempre las chicas encuentran esa red al principio. Como copilota quizá se ve una puerta de entrada más accesible, y me parece genial que haya muchas, porque es una figura clave y también es competición. Pero la realidad es que todavía queda mucho para que la participación sea más equilibrada y para que más mujeres se animen también a pilotar.
¿Cómo se vive ser, a veces, la única mujer piloto en un rallye?
Yo ya lo tengo normalizado, porque me pasó muchísimas veces. No me sorprende llegar y ver que soy la única al volante. Al principio impresiona, porque sientes que destacas aunque no quieras, pero con el tiempo lo asumí como parte del camino. Yo voy a lo mío: a competir, a hacer mi carrera y a trabajar con el equipo.
Por eso tengo tan marcado un día en Navarra, en una prueba del Campeonato de España de Tierra, en la que fuimos siete mujeres pilotos. Fue increíble porque, de repente, veías algo que no es habitual: siete mujeres dentro de la parrilla. Ese día pensé: 'esto sí que cambia el ambiente', porque lo normalizas, te sientes acompañada y la gente también lo ve como algo natural.
Esa visibilidad te convierte en referente. ¿Lo sientes como una responsabilidad?
Ahora lo llevo con normalidad, pero al principio sí que lo sentía como presión. Tenía la sensación de que, si lo hacía bien, abría puertas y daba ejemplo, pero si cometía un error, parecía que se miraba con lupa. Es como si tuvieras que demostrar constantemente que también puedes estar ahí y hacerlo bien, no solo una vez, sino cada fin de semana.
Además, en nuestro caso había mucha exposición por el propio proyecto: buscar mecánicas fue complicado y la presidenta del equipo es mi madre, así que la gente hablaba, opinaba, y a veces juzgaba sin conocer el trabajo que hay detrás. Con el tiempo, cuando la gente ya te conoce y ve que estás ahí por constancia y por pasión, esa presión se va calmando. Sigues siendo visible, pero ya no lo vives desde la tensión, sino desde el orgullo.
¿Notaste diferencias en la forma de percibir tu trabajo por el hecho de ser mujer?
Sí, sobre todo al principio. Muchas veces la figura femenina se interpreta más como “imagen”, y eso condiciona cómo se habla de ti. Cosas que en un hombre pasan desapercibidas, en una mujer generan comentarios, interpretaciones o juicios que no tienen que ver con lo deportivo. A mí me tocó escuchar de todo, incluso etiquetas muy desagradables, y es duro porque tú lo que estás haciendo es competir y trabajar como cualquiera.
Ahí lo único que me sirvió fue la constancia. No aparecer un día y desaparecer, sino mantenerme, seguir corriendo, seguir aprendiendo, estar en el campeonato, y que el tiempo hable. Con los años, cuando la gente ve que no es una anécdota, que hay trabajo, disciplina y continuidad, la percepción cambia. Pero sí, al principio se nota mucho.
¿Qué crees que ayudaría a que más mujeres se animen a entrar al mundo de los rallyes?
Creo que lo principal es cambiar la mirada social. Que no sea noticia ver a una mujer pilotando. Dentro del coche, cuando nos ponemos el casco, somos lo mismo: una persona compitiendo. Y si eso estuviera más normalizado, habría menos presión y menos miedo a ser juzgada. Muchas chicas no se frenan por falta de capacidad, sino por la idea de 'me van a mirar', 'me van a cuestionar', 'me van a señalar'...
También ayudaría que hubiera más apoyo y más red: que sea fácil encontrar un club, una persona que te explique los primeros pasos, un entorno que te acompañe. Y más visibilidad de mujeres en diferentes roles: pilotos, copilotas, mecánicas, ingenieras… Porque cuando lo ves, lo imaginas posible. Si las mujeres se sintieran más respaldadas y con más normalidad alrededor, muchas darían el paso.
Más allá del cronómetro, competir también tiene mucha logística alrededor. En tu caso, ¿qué aspectos de organización o de vida has tenido que gestionar y que a veces no se ven desde fuera?
Competir no es solo 'llegar y correr': hay preparación, viajes, horarios, trabajo, familia… y todo eso condiciona muchísimo. En mi caso, por ejemplo, la maternidad marcó un antes y un después: cuando fui madre tuve que parar una temporada, y eso lo cambia todo, porque no es solo bajarte del coche, es volver a encajar piezas, recuperar ritmo, reorganizar tiempos y prioridades. A partir de ahí la actividad baja o se adapta, porque ya no dependes solo de tu agenda, sino de todo lo que hay alrededor.

Y luego están los detalles del día a día en carrera, que no siempre se cuentan y que no todo el mundo vive igual: cómo te organizas, cómo te mueves, cómo te relacionas dentro del entorno, cómo sostienes una temporada entera. No lo digo desde la queja; lo digo desde la realidad. Este deporte exige mucho y, a veces, además del entrenamiento y el presupuesto, se suman capas de organización que también pesan.
¿Dirías que se han dado cambios en los últimos años?
Sí, y se notan en varios frentes. No solo en que haya más mujeres como piloto o copilota, sino en todo lo que rodea a un rallye. Cada vez veo más mujeres en puestos técnicos: mecánicas, chapistas, ingenieras… y eso para mí es una señal muy importante, porque el automovilismo no es solo el tramo: es taller, asistencia, preparación, logística, equipo humano. Que haya más mujeres ahí significa que el entorno se va abriendo y que se rompe esa idea antigua de que el motor 'es cosa de hombres'.
También creo que ayuda la visibilidad: cuando una chica ve a otras mujeres trabajando en un parque de asistencia o dentro de un equipo, lo normaliza, se imagina ahí y se anima. Aún falta mucho (sobre todo al volante), pero en el día a día sí veo pequeños cambios que, sumados, marcan una diferencia. Y para mí eso es avanzar.
¿Qué le dirías a una chica que quiere empezar en este mundo?
Lo primero, que no se frene por respeto o por pensar que “no es para ella”. Al principio todo impone: el ambiente, la técnica, el presupuesto, incluso el simple hecho de llegar a una prueba y no conocer a nadie. Pero nadie nace sabiendo, y lo importante es empezar poco a poco, con pasos realistas, y no tirar la toalla por un mal momento. En este deporte hay días buenos y días complicados, y lo que marca la diferencia es la constancia.
Y también le diría que busque apoyo y referencias: un club, un equipo, alguien que le explique cómo funciona todo. Yo, por mi parte, siempre ofrezco ayuda: tengo el contacto del equipo y las redes abiertas, pueden escribirme o llamarme. Me da igual si quieren empezar como mecánica, copilota o piloto; cualquiera de esos caminos es válido y suma. Si puedo orientar, compartir experiencia o simplemente quitar miedos del principio, voy a estar ahí para apoyar en lo que pueda.