Perderse también puede ser un plan de éxito en el rural

Hay lugares pensados para visitar y otros creados para dejarse sorprender. El Laberinto de Breogán encaja más bien en esta segunda categoría. Situado en Vilarmaior, en pleno entorno rural de la comarca de Betanzos, este recinto se ha convertido en un plan diferente para familias, grupos de amigos y visitantes que buscan algo más que un paseo convencional. Su atractivo no está solo en el tamaño, sino en la experiencia: caminar entre corredores vegetales, buscar la salida, resolver pistas y hacerlo en un espacio que reivindica la conexión con la tierra y con el ocio al aire libre.
La propuesta nació con una idea clara: unir la tradición patrimonial de la zona con la aventura. Sus impulsores levantaron el laberinto junto a la Ruta de los Petroglifos de Vilarmaior, un enclave conocido por la concentración de grabados rupestres, y le dieron forma de cruz celta. El resultado son 6.120 metros cuadrados y más de 4.000 árboles que, según la información del propio espacio, lo mantienen como el mayor laberinto de la península. Esa mezcla entre simbolismo, paisaje y juego es precisamente lo que le da personalidad propia frente a otras propuestas de ocio más convencionales.
El recorrido suele llevar alrededor de 40 minutos, aunque buena parte de la gracia está en no mirar el reloj. Por el camino aparecen retos, juegos y pistas ocultas que convierten la visita en algo más que entrar y salir. Esa dimensión lúdica explica que el laberinto esté pensado para todos los públicos y que se haya consolidado como una escapada intergeneracional, de esas en las que participan niños, padres y abuelos sin necesidad de grandes artificios. En un momento en el que muchas propuestas compiten por la atención a base de pantallas, Vilarmaior ofrece aquí un ocio mucho más físico, más pausado y también más compartido.
El recinto acaba de arrancar la temporada de 2026 y suma además servicios que refuerzan su perfil de plan completo, como zona de descanso, quiosco con terraza, merendero, aparcamiento gratuito y aseos. Con esa combinación de infraestructura, entorno natural e identidad propia, el Laberinto de Breogán no solo se presenta como una curiosidad llamativa, sino como uno de esos lugares capaces de atraer visitantes y poner en el mapa a un ayuntamiento pequeño a través de una idea sencilla: hacer de perderse una forma de volver a lo esencial.