Los Bonitos y Vexigueiros vuelven a salir a la calle para mantener vivo el Carnaval tradicional de Samede

Samede volvió a reivindicar este año una de sus tradiciones más singulares: el único Carnaval tradicional que se conserva en el territorio de As Mariñas. El vecindario de esta pequeña aldea de Paderne se vistió con orgullo con los trajes típicos y dio vida a sus personajes más reconocibles, los Bonitos y los Vexigueiros, también conocidos como Vixigueiros, en una jornada en la que la costumbre y la comunidad se dieron la mano.
La comitiva salió del entorno de la capilla de Samede y fue sumando acompañantes a lo largo de un recorrido circular ya emblemático en el lugar. Cerca de un centenar de personas siguieron el desfile hasta el final, que estuvo marcado por la tradicional muiñeira cruzada y por la muiñeiriña infantil, antesala de una tarde de convivencia.
La celebración continuó con una comida popular, el entierro del Policarpo y una foliada para cerrar la fiesta, un final que refuerza año tras año la intención de mantener viva una tradición que estuvo cerca de perderse.
Un Carnaval recuperado tirando de la memoria
La recuperación actual del Carnaval de Samede comenzó a tomar impulso en 2015, a partir de un trabajo escolar que animó a buscar testimonios entre la vecindad. La presidenta de la Asociación del Carnaval de Samede, Emilia Cagiao, resume aquel proceso como un ejercicio de memoria compartida: 'empezamos a tirar del hilo' y aparecieron más recuerdos de los que se esperaba.
El Carnaval de Samede se diferenciaba del de otras aldeas por un ritual muy definido. Históricamente, la organización recaía en los jóvenes que se licenciaban del servicio militar ese año. Un mes antes debían salir de noche a buscar un pino lo más grande posible, venderlo y reunir dinero para financiar la fiesta. En esa estructura se colgaba el meco o el Policarpo, señal de que el Carnaval estaba a punto de comenzar.
Las máscaras son otro de sus rasgos propios. Los Bonitos son las máscaras características y, cada lunes de Carnaval, se bailaba la muiñeira cruzada, un rito que se practicaba incluso antes de la Guerra Civil. La danza era también un espacio social: jóvenes solteros y solteras, en edad de casarse, acudían con sus mejores galas.
El recorrido tradicional incluía salidas desde la capilla con diez o doce parejas, paradas en las casas para bailar el punto da saia y, ya en el campo de la fiesta, una muiñeira cruzada de duración indeterminada. Junto a estas figuras, la celebración recupera también a los 'carolos', un personaje asociado a los trajes más humildes, con enagua y camisa blancas y collares de maíz, hoy reivindicado como parte del origen de la fiesta.