'Lo que pasó no puede volver a pasar': José Jiménez lleva a Arteixo la memoria de los amores silenciados

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El director de 'Reflexos do amor escuro' habla del origen de un documental nacido de un antiguo corto en súper 8, del trabajo compartido con Fran Naveira y Gutier Rolán, y de la voluntad de dejar memoria de un tiempo de represión que todavía sigue removiendo al público
ARTEIXO jose antonio jimenez director (2)
10 Apr 2026

Por Noelia Uceira

'Reflexos do amor escuro' no quiere ser solo una pieza sobre el pasado. El documental, que se estrena en Arteixo, se sumerge en las vivencias de hombres que amaron en silencio en una época marcada por la represión y por el miedo, pero también interpela al presente. Hablamos con José Jiménez, uno de los directores del proyecto, sobre el origen de la obra, la decisión de recuperar un antiguo corto rodado en súper 8, el proceso de codirigir entre amigos y el sentido íntimo de una película que busca, sobre todo, que ciertas heridas no caigan en el olvido.

¿Cómo nace 'Reflexos do amor escuro'?
Nace a partir de un corto. En el año 1977 habíamos hecho una pieza en súper 8 que se llamaba 'Reflexos', y mucho tiempo después surgió la idea de volver a ese material y tirar de él para construir algo nuevo. A partir de esa base fuimos armando este documental, que habla de las vivencias de hombres en A Coruña de aquella época, de las relaciones que se vivían de otra manera y que Federico García Lorca llamó 'amores oscuros'.

¿De qué habla realmente el documental?
Habla de esas relaciones amorosas entre hombres en un tiempo de represión y silencio. Habla de lo que significaba vivir eso en la A Coruña de finales de los setenta y comienzos de los ochenta. Y al mismo tiempo incorpora la dramatización de los sonetos de amor oscuro de Lorca, que nos sirven para darle una capa poética y emocional a la historia. No queríamos hacer solo una pieza informativa, sino algo que también tuviera una dimensión humana y artística.

De aquel corto al documental hay un salto importante. ¿Qué os empujó a hacerlo?
Sobre todo la necesidad de que ciertas cosas no se pierdan. Muchas de las cosas que hago tienen esa intención: que el trabajo quede ahí, como recuerdo, como testimonio. No me interesa hacer algo que pase y desaparezca. En este caso parecía importante dejar constancia de una realidad que durante mucho tiempo permaneció escondida, silenciada o deformada.

¿Qué os interesaba más, la memoria histórica o la parte más íntima?
Las dos cosas. Al final, cuando trabajas con vivencias personales, estás haciendo memoria histórica también. Lo que cuentan esas personas es su vida íntima, claro, pero al mismo tiempo es el reflejo de un tiempo, de una sociedad, de una forma de vivir y de esconderse. Eso es lo que hace que el documental tenga esa doble lectura: es memoria colectiva, pero también es memoria muy personal.

¿Fue difícil que la gente aceptase contar esas historias delante de la cámara?
Sí, al principio sí. No es una cuestión menor. Estás pidiendo a alguien que hable de su vida íntima, de algo que durante muchos años estuvo marcado por el miedo o por la vergüenza social. Hoy puede parecer diferente, pero aquella gente vivió otra realidad. Costaba encontrar personas que quisieran dar ese paso, pero hubo gente que sí dijo que quería hablar, que quería contar lo que había vivido, y a partir de ahí el documental empezó a abrirse. Una vez que empiezas a grabar, son los propios relatos los que te van marcando el camino a seguir. Incluso después de hecho, siempre aparece alguien que te cuenta otra vivencia, otro caso, otra historia relacionada con todo esto. A veces incluso más dura o más sorprendente de lo que ya has contado en la película. Eso hace ver que todavía hay mucha memoria por recuperar. Podrían salir más trabajos, claro, pero lo importante para mí es que esto quede, que no se olvide.

¿Hay alguna reacción del público que te impactase especialmente?
Sí. Hubo una muy fuerte relacionada con un caso que aparece en el documental, el asesinato de un hombre homosexual en A Coruña. En una proyección apareció un familiar de uno de los implicados en aquel caso y fue tremendo escuchar lo que contaba. Ahí te das cuenta de que no estás hablando de algo lejano o ya cerrado, sino de cosas que siguen muy presentes en la memoria de mucha gente. A mí eso me impresionó mucho.

¿Qué quieres que le quede al espectador al salir de la sala?
Una idea muy clara: lo que pasó, pasó, pero no puede volver a pasar. No podemos dar un paso atrás. Me gustaría que quien vea el documental tome una posición ante eso, que piense en lo que significaron aquellas vidas marcadas por el miedo y que asuma que hay cosas que una sociedad no puede permitirse repetir. Si algo queda en la cabeza del público, yo querría que fuese eso.

En un proyecto tan serio, ¿cómo se lleva la codirección entre tres personas?
Pues con amistad y con confianza. Yo trabajo así. Me gusta hacer las cosas con amigos, pasándolo bien, sin que el proceso se convierta en una carga insoportable. En este caso Fran Naveira es un compañero habitual, Gutier también colaboró, y entre todos fuimos sumando ideas y trabajo. Hay funciones que cada uno va asumiendo, pero al final lo importante es que haya una relación buena y que todo fluya. Yo no entiendo este tipo de proyectos desde la tensión, sino desde el disfrute del proceso.

El tema es duro y serio, pero eso no significa que la manera de trabajar tenga que ser rígida o dramática. Yo no me quiero meter en un mundo en el que todo sean presiones, horarios imposibles y una responsabilidad asfixiante. Quiero hacer las cosas bien, con responsabilidad, claro, pero también con alegría, con tranquilidad y disfrutando del trabajo. Eso para mí es fundamental.

¿Qué dirías que aportó cada uno al resultado final?
Cada uno va poniendo lo suyo. Hay ideas que parten más de mí, hay cuestiones prácticas que llevan otros, hay personas que se encargan de buscar entrevistados o de mover el proyecto. Pero más que hacer un reparto milimétrico, lo importante es que hay un grupo de gente que se entiende y que empuja en la misma dirección. Trabajar así facilita mucho las cosas.

¿Por qué era importante estrenarlo en Arteixo?
Porque queríamos que el primer pase fuese aquí, de donde somos. El estreno es en Arteixo y después ya vendrán otros lugares, como A Coruña. Hacía ilusión empezar aquí y poner en marcha desde aquí el recorrido del documental. A partir de ahora la idea es moverlo por donde vaya surgiendo, con asociaciones, espacios culturales y gente que quiera proyectarlo.

¿Tenéis una ruta ya cerrada para el documental?
No, cerrada no. Vamos un poco sobre la marcha. Ya hubo una especie de preestreno en la librería Galgo de A Coruña (donde también rodamos parte del documental) y ahora seguimos hablando con asociaciones y con gente que se interesa por proyectarlo. No hay un destino concreto ni un plan cerrado, pero sí ganas de llevarlo a muchos sitios. Donde surja la oportunidad, allí iremos. Luego, cuando llegue el verano, ya cerraremos un poco y descansaremos también.

Hay una idea que repites varias veces: que el trabajo quede ahí. ¿Es lo más importante para ti?
Sí, probablemente sí. Que quede. Que alguien pueda verlo dentro de un tiempo y que siga diciendo algo. Que no se pierda. No tengo la pretensión de hacer algo grandioso, ni de cambiar el mundo de un día para otro, pero sí de dejar una huella, por pequeña que sea, y de conservar una memoria que de otro modo puede acabar desapareciendo.

Y, a nivel personal, ¿qué significa para ti 'Reflexos do amor escuro'?
Significa precisamente eso: dejar memoria y hacer que ciertas historias no se borren. Pero también significa ver que el público responde, que piensa, que se emociona, que recuerda, que habla. Cuando ves que una pieza así genera conversación y remueve cosas, te das cuenta de que el trabajo tuvo sentido. Y eso, para mí, ya es mucho.

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