'Lo principal es la formación de los chavales': así creció el Club de Remo del Mandeo


El Club de Remo do Mandeo lleva diez años abriendo camino en Bergondo. Nació a finales de 2015 con la intención de devolver el remo olímpico a una zona en la que este deporte había perdido peso tras la desaparición de la actividad que existía en Sada. El punto de partida fue sencillo: aprovechar el potencial del río Mandeo y ofrecer a la gente joven del entorno una práctica deportiva que volviera a conectar al municipio con el agua. Aquel primer impulso, pensado casi como una experiencia para comprobar si prendía entre los chavales, acabó convirtiéndose en un proyecto sólido y reconocible.
El crecimiento fue rápido. En los primeros años del club ya había 34 chavales entrenando, una cifra que ayuda a entender hasta qué punto había espacio para una iniciativa así en Bergondo y alrededores. El Mandeo ocupó ese hueco con una propuesta de base, muy centrada en el aprendizaje, en el trabajo diario y en la construcción de un grupo estable. Más que una escuela pensada para competir desde el primer día, el club fue asentándose como un lugar en el que aprender a remar y, al mismo tiempo, crecer dentro de un equipo.

Esa identidad sigue siendo hoy su principal carta de presentación. El club resume su filosofía en una frase que también explica buena parte de lo que construyó en esta década: 'Lo principal es la formación de los chavales'. A partir de ahí, todo encaja. La competición tiene peso, pero no como un fin en sí mismo, sino como una herramienta para educar en disciplina, constancia, responsabilidad y compañerismo. El objetivo no es solo preparar remeros, sino también formar a jóvenes capaces de asumir rutinas, cuidar el material y entender que lo colectivo está por encima de lo individual.
En esa manera de trabajar hay una parte muy visible y otra mucho más silenciosa. La visible son las regatas, los campeonatos y los podios. La silenciosa es la que sostiene todo lo demás: los entrenamientos, la técnica, la rutina, el compromiso y la exigencia diaria. En el Mandeo defienden que 'la competición es una herramienta', y eso se traduce en un modelo en el que cada deportista aprende que remar bien también significa colaborar, cumplir y estar pendiente de los demás. Esa cultura de club, muy marcada, es una de las razones por las que la entidad presume de tener un grupo pequeño, pero muy unido.

Los resultados llegaron pronto y fueron confirmando que el proyecto iba en serio. La primera medalla del Campeonato de España llegó ya en 2016, apenas un año después del nacimiento de la entidad. A partir de ahí, el club fue ganando presencia en el panorama estatal hasta firmar en 2019 uno de los capítulos más destacados de su historia, con ocho medallas en el Campeonato de España, cinco de ellas de oro. En el balance global de su trayectoria, el Mandeo supera ya las 20 medallas nacionales y consiguió que seis de sus deportistas fueran convocados con el equipo nacional. Para un club pequeño, son cifras que hablan por sí solas.
Ese salto competitivo no se entiende sin mirar al río. El club encontró en su propio escenario natural una de las claves de su crecimiento. El tramo en el que entrena permite sesiones largas, continuas y muy útiles tanto para la técnica como para la preparación física. En otros lugares, los remeros tienen que interrumpir constantemente las series para virar. Aquí, en cambio, pueden encadenar esfuerzos largos y sostenidos, algo esencial en un deporte que exige mucha precisión y una gran base aeróbica. Esa ventaja, unida al trabajo individualizado que favorecen los grupos reducidos, ayuda a explicar por qué el club fue capaz de sacar rendimientos tan altos.

El método también se percibe en la manera de planificar la cantera. El Mandeo no vive obsesionado con la prisa ni con los resultados inmediatos. Su apuesta pasa por construir una base sólida, especialmente en las categorías más jóvenes, para que los chavales aprendan a remar bien, a entrenar bien y a competir bien antes de dar el salto a objetivos mayores. Esa paciencia formativa es otra de las marcas de la casa. En un deporte en el que la técnica pesa tanto como la fuerza, el club lleva años priorizando el aprendizaje por encima del atajo.
Al mismo tiempo, el presente deportivo deja motivos para el optimismo. El club sigue trabajando con remeros y remeras con proyección, con categorías de base que apuntan alto y con una estructura que, pese a las limitaciones, mantiene viva la ambición competitiva. Hay infantiles, cadetes y juveniles con un buen recorrido por delante, y la sensación dentro del proyecto es que todavía hay margen para seguir creciendo. El Mandeo llega a este momento con la experiencia acumulada de una década y con un modelo ya muy definido, algo especialmente valioso en una entidad de estas dimensiones.
La parte más compleja de su realidad actual está en las condiciones materiales con las que tiene que trabajar. El club mantiene la actividad sin una base estable, con una logística mucho más exigente y con las embarcaciones guardadas a la intemperie. Eso complica la conservación del material, obliga a una organización más rígida de los entrenamientos y también limita la capacidad para incorporar a nuevos niños y niñas a la práctica del remo. No es una cuestión menor. En un proyecto tan dependiente del día a día y de la formación de base, disponer de un espacio adecuado no es un lujo, sino una necesidad para consolidar todo lo que ya está construido. El reto ahora pasa por darle continuidad al proyecto y evitar que las limitaciones actuales frenen un trabajo que lleva tiempo dando resultados.
