Asociación Cultural Faragulla, 45 años de memoria viva en Teixeiro


Hay colectivos que organizan actividades y otros que terminan convirtiéndose en una parte esencial de la identidad de un lugar. En Teixeiro, Faragulla ocupa ese espacio reservado a las iniciativas que dejan huella. A lo largo de más de 45 años, la Asociación Cultural Faragulla ha sido mucho más que un grupo de baile o una escuela de música tradicional: ha sido un punto de encuentro, de aprendizaje y de transmisión de un patrimonio heredado de las aldeas, de las casas, de las fiestas y de la memoria de generaciones anteriores. Esa continuidad en el tiempo es, precisamente, una de las claves para entender por qué Faragulla sigue siendo hoy un nombre de referencia en la zona.
La entidad echó a andar en torno a 1981 con la intención de ofrecer a los más jóvenes una vía para acercarse al legado cultural del entorno. El proyecto nació para compartir y mantener vivo todo aquello que tenían alrededor: la música, el baile y la tradición popular. En esos primeros pasos aparecen nombres fundamentales, como Mercedes Peón, que fue maestra de la asociación, y Suso, como maestro de gaita. A partir de esa base se fueron articulando distintas expresiones dentro del colectivo, desde el grupo de baile hasta las pandereteiras o los grupos de gaitas, siempre con una misma idea de fondo: dar salida a la riqueza cultural que existía en Teixeiro y en otras parroquias próximas.
Ese trabajo nunca se limitó a una sola parroquia ni a un círculo reducido. Aunque Faragulla nace en Teixeiro, con el paso del tiempo se convirtió en un foco de atracción para personas de otras aldeas y parroquias del municipio, hasta consolidarse como una asociación cultural de referencia en Curtis. Su historia también habla de ese mapa humano del entorno, en el que Teixeiro ejerció como punto de unión para personas de lugares como Paradela, Foxado y otros núcleos cercanos. En ese sentido, Faragulla no solo ha conservado tradición: también ha ayudado a crear comunidad y a fortalecer vínculos entre quienes encontraron en la música y en el baile una manera de formar parte de algo común.

Si hay un rasgo que define con claridad la trayectoria de la asociación es su continuidad. Faragulla nunca desapareció ni se deshizo, ni siquiera en los momentos más difíciles. Hubo etapas con más o menos participación, personas que se fueron y otras que regresaron, pero el hilo nunca se rompió. Y en ese sostenimiento tuvo un papel central el trabajo de muchas mujeres, primero desde la base social y después también desde las directivas. Madres, colaboradoras, compañeras e impulsoras mantuvieron viva la estructura de la entidad en un contexto en el que sacar adelante una asociación cultural exige mucha entrega, mucha organización y, sobre todo, mucha convicción.
Ese peso de las mujeres no aparece solo como un detalle de la historia interna de Faragulla, sino como una de sus señas de identidad. La presencia femenina ha sido constante desde el origen y sigue siéndolo hoy, tanto en la transmisión de la tradición como en la organización del día a día. Al mismo tiempo, la asociación ha ido abriendo espacio para personas de distintas edades: desde niños y niñas de seis o siete años hasta adultos que, por fin, encuentran el momento para cumplir el deseo que siempre tuvieron de aprender a bailar, cantar o tocar la pandereta. Esa mezcla generacional es una de las imágenes más potentes de Faragulla: no existe una única edad para volver a las raíces.

En los últimos años, además, la entidad ha vivido un nuevo impulso. Ese renacer se relaciona con el momento de visibilidad que atraviesa la música tradicional gallega y también con el auge de las foliadas, que devolvieron a mucha gente el gusto por participar, cantar y reunirse alrededor de la cultura popular. Ese contexto hizo que personas que se habían alejado durante un tiempo volvieran a acercarse a la asociación, y que otras se animaran por primera vez. Faragulla supo leer ese momento y convertirlo en una oportunidad para seguir creciendo, adaptándose a la realidad actual sin renunciar a su esencia. La tradición, en este caso, no aparece como algo inmóvil, sino como una práctica viva que dialoga con el presente.
Otro aspecto importante de su trayectoria es la manera de entender el intercambio cultural. La entidad recuerda con especial cariño los viajes y encuentros realizados a lo largo de los años, tanto dentro como fuera de Galicia. Esos desplazamientos a lugares como Portugal, Francia, Bilbao o distintas zonas del Estado quedaron en la memoria del grupo como momentos de orgullo y de apertura. No eran solo actuaciones o excursiones: eran ocasiones para mostrar lo propio, compartir vestuario, repertorio y formas de hacer, pero también para descubrir la riqueza cultural de otros territorios. Esa idea de llevar el nombre de Teixeiro y de Curtis con orgullo, y al mismo tiempo aprender de lo que hacen los demás, forma parte del ADN de Faragulla.

Desde esa misma filosofía hay que entender el encuentro 'Faragulla no Tempo', previsto para el 18 de abril de 2026 en el Centro Etnográfico de Teixeiro. No se presenta únicamente como una cita festiva, sino como un acto de memoria y de reafirmación colectiva. Según relata Patricia Martínez, miembro de la asociación, la intención es reunir a personas de distintas etapas de la historia de la asociación, recuperar fotografías, vídeos, piezas, anécdotas y vivencias, y devolver protagonismo a aquellas mujeres que pusieron la primera piedra del proyecto. El programa también refleja esa voluntad de abrir la tradición a más dimensiones: habrá recepción y bienvenida, la presentación de Somos Pandeireteiras con Mercedes Peón y Gisela Sanmartín, talleres y una comida que terminará con una foliada.
El cartel del encuentro deja ver con claridad esa ambición: no se trata solo de recordar, sino también de aprender y de proyectarse hacia adelante. Junto a la parte más emocional del reencuentro, la jornada incluye un taller para aprender a tejer el mantón y otro de baile, una muestra de que Faragulla entiende la tradición de una manera amplia, incorporando también el vestuario, los oficios y los saberes que rodean a la música y a la danza. Patricia Martínez insiste precisamente en eso: la asociación quiere ir un paso más allá de la enseñanza habitual, explorar otras capas de la cultura tradicional y ponerlas al alcance de la gente. Esa mirada más completa es la que le permite seguir siendo relevante después de tantas décadas.
En el fondo, lo que explica la fuerza de Faragulla es que nunca fue solo una asociación. Ha sido escuela, refugio, lugar de encuentro y espacio de orgullo compartido. En un tiempo en el que tantas iniciativas del rural luchan por mantenerse vivas, la historia de Faragulla habla de persistencia, de comunidad y de amor por lo propio. Y también de una idea muy concreta: la tradición no está guardada en un archivo ni en un traje colgado, sino en la gente que la practica, la transmite y la hace crecer. 'Faragulla no Tempo' será, por eso, mucho más que un evento puntual. Será la celebración de una historia colectiva que sigue escribiéndose en presente.
